Eslóganes y clima (por Roberto García-Roa)
- robertogarciaroa
- 4 oct 2025
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«Ni de izquierdas ni de derechas», «Ni machismo ni feminismo». Aún sin digerir tan ecuménicos eslóganes, tenemos una nueva bandera que oscila entre dorados cantos de sirena: ni frío ni calor.
En su discurso ante la ONU, Trump recogió el guante de la comunidad científica y tiñó sus advertencias de un amarillo burlesco al considerar incoherente alertar al mismo tiempo del calentamiento global y del enfriamiento del clima. Ante tal desconcierto, la lógica del presidente de Estados Unidos es clara: el cambio climático no existe. Impregnado de una esperanza terca, uno esperaría algo más de su discurso anticientífico. Pero no es necesario: Trump es más de eslóganes que de datos.
Desafortunadamente, el cambio climático es real. No se trata de un acto de fe. Ni siquiera es un posicionamiento ideológico. El cambio climático es un fenómeno inapelable, independiente de nuestras disgregaciones, y que crece ignorando nuestra verborrea, sea intelectual o de patio de colegio. La evidencia científica confirma que desde el siglo XIX nuestra especie ha producido una variación en las temperaturas a una velocidad sin precedentes en milenios. El poso de la era industrial y tecnológica no ha sido gratis.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático sostiene que la evidencia de este fenómeno es inequívoca. Los datos son públicos y han sido refrendados por grupos de investigación en todo el mundo. Claro, esto no quita que la Tierra haya sufrido también grandes oscilaciones en el clima a lo largo de millones de años. De hecho, las variaciones naturales en el clima y el cambio climático provocado por el ser humano son compatibles. Como también lo es que, en un contexto de cambio climático, existan episodios de enfriamiento del clima —incluso extremos— y que crezca la preocupación por el potencial colapso de las corrientes oceánicas del Atlántico, situación que provocaría un peligroso enfriamiento del Atlántico Norte y del Ártico. En efecto, tanto frío como calor.
El primer paso hacia la victoria de Trump en el debate por el clima es convertir lo indiscutible en discusión: plantear una elección, un posicionamiento, en un tema que ya no debería admitir dudas ni titubeos. Las consecuencias del cambio climático son claras. La temperatura promedio del planeta sigue subiendo, los polos se descongelan y perdemos nieve a escala global. Nuestros glaciares se debilitan y el nivel y la temperatura del mar siguen en aumento. Los episodios climatológicos extremos, como sequías e inundaciones, se regodean con el calentamiento global, mientras la biodiversidad se ve afectada y disminuye por todo el planeta. No estoy descubriendo nada nuevo.
Hay esperanza. La lucha contra el eslogan del clima es precisamente la palabra. El cambio climático, junto a temas como la pérdida de biodiversidad o la lucha por un futuro sostenible, debe ocupar espacios. Más espacios. Más conversaciones. Más discursos. Más en el imaginario colectivo. Mucho más. No es una elección: lo necesitamos.

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